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“Somos asuntos de muchísimas personas”

Jeremías Marquines

No basta con escribir libros de versos para ser poeta. Es necesario entender la vida de otra forma, tener las antenas bien afiladas, el espíritu alerta, ayudar a la gente a despertar. Con estas palabras el poeta catalán Joan Brossa definió su obra artística. Con estas palabras recuerdo el oficio, la obra y la amistad respetuosa con el poeta ecuatoriano Fernando Nieto.

A Fernando Nieto le conocí a través de sus libros, de sus poemas; algunos de ellos me llegaron por medio del poeta Juan de Jesús López, uno de los múltiples y entusiastas talleristas que el poeta ecuatoriano tuvo en Tabasco.

A diferencia de algunos otros que tuvieron la fortuna de estar muchos años cerca del maestro en sus talleres, yo reconozco que llegué tarde, pero creo que en un buen momento. Hoy a diferencia de años atrás, veo a un Fernando Nieto con una dimensión literaria y existencial mayor. Veo a un gran escritor consistente, congruente y honesto con lo que hace y dice, es un ejemplo absoluto de lo que un escritor debe ser; sobre todo, en este tiempo en que la regla es tratar de parecer brillante, pero no serlo, aparentar, simular, matizar, mimetizar.

Fernando Nieto es un poeta que ha generado a lo largo del tiempo polémica, envidias, malquerencias en los poetas viejos, en los mediocres y en los de su propia generación. A mi me gusta su irreverencia, su dignidad ante la vida, su vocación de pedagogo renegado. Y aunque es arriesgado y quizá presuntuoso, personalmente estimo que es uno de los pocos poetas que han influenciado lo que escribo, sobre todo, en lo que se refiere al ritmo; su prosa melódica solamente un sordo no la aprecia.

Fernando es el mejor ejemplo de que la tristeza y la nostalgia alcanzan su más alto registro estético a ritmo del son. En la poesía, la tristeza no tiene porque ser triste. La tristeza, la melancolía en la poesía de Fernando, es un estado estético, no un estado de ánimo. Un desvío irónico, creo.

En fin, no escribo este texto para hablar de la poesía de Fernando, aunque debo confesar que es difícil, porque la simbiosis obra-autor es irreductible, sobre todo, cuando la obra, como en el caso de la escrita por este ecuatoriano-tabasqueño revela un inmenso compromiso con la honestidad.

No hay en este poeta invenciones superfluas, ni anécdotas de experiencias fallidas que pretenden instituirse como protocolos poetizantes, no hay, afortunadamente, la clásica posición “poética”, que está siempre muy presente en los mediocres. Fernando Nieto es el poeta que, como dijo Joan Brossa, entiende la vida de otra forma: cuando todos van por la derecha él gira hacia la izquierda, y cuando todos jalan para la izquierda, él inventa otro camino. Es el poeta que sabe, que ser poeta, significa tener las antenas bien afiladas, el espíritu alerta, el asombro despierto y, sobre todo, como lo hizo siempre durante toda su vida y estancia en Tabasco: ayudar a la gente a despertar.

No se puede entender una parte de la poesía que hoy se escribe en ese lugar, sin la presencia crítica de Nieto Cadena.

En fin, hay mucho más que se puede escribir de Fernando; de su poesía me ocuparé algún otro día con más tiempo. Por ahora, celebro que las nuevas generaciones de poetas comiencen a valorarlo más.

Quiero concluir como empecé: citando una frase que también me gusta mucho de Joan Brossa y que le ajusta muy bien a nuestro querido poeta: “Los hombres que verdaderamente hacen la historia, son aquellos que rompen los vicios de la historia, aunque sufran la agresividad de los mecanismos defensivos de los poderosos y, por lo tanto, sea retardada su aceptación”.

Bahía de Santa Lucía,
Acapulco, Gro.
12 de enero de 2009
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